Le dan fuerzas para enfrentar su mal

A sus 13 años Rolando Ruiz Guerrero tiene una habilidad que sus demás compañeros de segundo de secundaria no poseen: puede armar y programar desde cero a un robot por medio de su laptop. Él es un niño diferente. 

Las matemáticas le apasionan, se la pasa entretenido con juegos de estrategia en la red y además es un maestro con el cubo de rúbik, lo arma en segundos. 

Todo esto mientras lucha ferozmente contra el cáncer que desde hace un año y medio se ha empeñado en alejarlo de sus hobbies y de su vida normal, pero él y su familia están decididos a no dejarse vencer.

Los Ruiz Guerrero, vecinos de la colonia Pedregal La Silla, cambió drásticamente cuando a Rolando, uno de sus tres hijos, le diagnosticaron Linfoma No Hodgkin.

Pero sus padres, María Elena Guerrero y Rolando Ruiz, ambos médicos, han inyectado a su hijo de fuerza y vitalidad, a través de cadenas de oración vía correo electrónico y su inquebrantable optimismo.

Ahora, el pequeño convalece en el Methodist Hospital, de San Antonio, Texas, donde el 20 de noviembre recibió un trasplante de médula ósea. 

“Cuando estaba en México, lo metimos a unas clases de mecatrónica, él iba todos los días porque no tenía qué hacer, alcanzó a ir tres semanas, avanzó tanto que ya había programado un robot.

“Aunque acabara de recibir la quimio, lo llevábamos con tapa bocas y todo, para que corriera menos riesgos”, cuenta desde la habitación del hospital texano su mamá.

Antes de su enfermedad, el alumno de segundo año de secundaria, ganó un concurso de oratoria, y disfrutaba del golf y del basquetbol. En estos momentos su distracción principal es su computadora para hacer robots que brincan obstáculos y responden a estímulos luminosos. 

“Yo programo de la laptop, conecto una interfase, que es como el cerebro, y así lo programo. Lo manejo desde mi computadora. Se hace con piezas de plástico que se ensamblan, no son tipo legos.”

Mecatrónica

“Esto me gusta mucho, se me hace muy fácil y divertido. Las matemáticas son mi materia favorita. Me gustaría estudiar Mecatrónica, también aparte me gustaría estudiar una carrera en negocios”, platica Rolando, a quien se le dificulta un poco hablar por las llagas que le salieron después de su trasplante.

El optimismo es el mayor aliado de la familia Ruiz Guerrero, pues a pesar de la situación de Rolando, saben que la mejor arma para salir triunfantes de la situación es la fe.

“Él está súper optimista, está metido en sus juguetes, con su computadora, con sus cosas. Hasta ayer le hablé de lo que está pasando”, dice María Elena, quien a través de correos electrónicos informa a sus conocidos del estado de salud de su hijo día tras día.

Aún no consiguen los 250 mil dólares para pagar el trasplante de su hijo, pero los padres del menor, quienes tienen otros dos hijos: Paulina, de 6 años, y Mauricio, de 12 años, aseguran que esa no es su mayor preocupación y agradecen a sus amistades, que los han ayudado organizando distintos eventos para solventar los gastos de la enfermedad del niño. 

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